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Exhumacion-es.

"Exhumaciones" es un recorrido por la literatura light del nuevo siglo, un juego de palabras a veces corto a veces no tanto. Que intenta reflejar emociones, obsesiones y locuras "temporales".
"Exhumaciones" Es un viaje desde el centro de la Tierra hasta lo más recóndito de mi universo personal.

5 jul 2009

Subterráneo.

Eran las nueve de la noche en punto y después de un rutinario día laboral, la gente se apretujaba fastidiada en los andenes del subterráneo. Afuera, la lluvia era incesante y el frío se arrastraba lentamente por las calles junto con el viento, pero adentro el calor de los cuerpos provocaba un agradable bochorno en las mejillas, un sopor que mágicamente inducía al sueño y hacía que las miradas se extraviaran enajenadas sobre las nucas ajenas. Y no era hasta que el ridículo aviso electrónico anunciaba la llegada del próximo tren, que los cuerpos salían de su aparente letargo y se apresuraban a alistarse para subir al tren a empujones.
Sonia se disculpó amablemente con un hombre al que accidentalmente había golpeado con su paraguas, y se lamentó por tener que cargar con ese estorboso objeto que no servía de mucho, su cabello estaba húmedo y sus pantalones empapados. Caminó hasta el final del anden, donde supuso habría menos gente, pero la afluencia se incrementaba por las noches y la lluvia hacía la marcha de los trenes más lenta. Agobiada, Sonia espero unos segundos para abordar.
Adentro la humedad era mucho más cálida, Sonia sabía que el trayecto era largo y se lamentó por lo incómodo que le resultaba tener que estar a muy poca distancia de la demás gente. Pronto, su mente comenzó a desprenderse de la realidad; visualizó un prado tan verde e inacabable, la hierba crecida se movía en olas creadas por el viento y algunas rocas sobresalían como islotes de una negrura espectral, y sobre ella, una nube violeta surcando el cielo. Tras ella, un ángel contemplaba y envidiaba su belleza... Sonia caminó hacía el ángel con los brazos extendidos, esperando un abrazo que no fue correspondido, el ángel extendió sus alas con tal fuerza que Sonia cayó hacía atrás con violencia, y de su cinto desenvainó una espada de luz. Abrió la boca con la intención de decir algo pero de él sólo obtuvo el repentino y metálico sonido de los frenos del tren.
Por los altavoces, una voz femenina anunció que muy pronto reanudarían la marcha. Sonia extraída de su fantasía miró en rededor suyo, la gente se impacientaba e intentaba tomar comodidad en la incomodidad. Como pudo, fue deslizandose entre recriminaciones hasta llegar a la puerta. Se asomó por la ventana pero no pudo ver más que una luz fría en el muro del túnel, la luz se reflejaba en los rieles, tenía esa imagen un aspecto tenebroso. Y alejando esa idea de su mente, Sonia clavó la mirada en la luz...
El ángel, con las alas extendidas y la espada desenvainada habló fuerte y claro, "levántate, de nada te sirve huir", ella no comprendió, permaneció aterrada en el suelo, buscando con la mirada una respuesta, quiso arrastrarse y buscar refugio en las rocas pero éstas se transformaron en grandes bestias infernales, todas con una forma diferente despertaban amenzantes y cegados de furia. Miró hacía el cielo y vio como la luz en el muro se apagó.
Sonia dio un respingo. En ese instante, las luces del tren parpadearon hasta quedar apagadas por completo. La gente se alteró, algunos gritaron de miedo, otros abuchearon a la operadora y los demás quedaron en silencio. Los altavoces susurraron algunas instrucciones que nadie comprendió a bien.
-¿qué dijo?-preguntó una voz masculina a Sonia.
-No pude escuchar bien, algo de un encharcamiento...-respondió.
-¿un encharcamiento aquí, en el túnel?
-No lo sé.
Pero un sonido que nadie había notado gradualmente se hacía más fuerte, era como si afuera arrastraran decenas de cadenas, Sonia lo evidenció.
-¿escuchaste?-dijo a su interloctor.
-No.
-Sht! Silencio, escucha. Como que se está acercando, ¿no?
-Ah! sí, lo escucho.
Sonia reparó en que todos en el tren ya comentaban lo que afuera escuchaban.
-Supongo que vienen a sacarnos-dijo una señora.
-Será un tren que se descarriló-bromeó un chico.
Sonia volvió a clavar la mirada en la lámpara de luz fría, apenas distinguía la silueta de los rieles, quiso escudriñar en la penúmbra pero no encontró nada... Las bestias rugieron tan fuerte que destruyeron los oídos de Sonia, el ángel vocíferaba pero ella no entendía. Quiso gritar pero no pudo, o no se escuchaba... El ángel ordenó a las bestias que la devoraran sin piedad alguna, y le habló mentlmente, "esto te mereces, desgraciada", "este es el dulce precio"... Así imaginó ella el infierno en donde morían sus demonios. La luz fría iluminó de nuevo el túnel.
-¡Dios, el agua está filtrándose por el muro!-gritó tan fuerte, quizá pensando aún en su fantasia.
La gente se arremolinó en torno a las ventanas para ver como un chorrito de agua resbalaba por la piedra hasta los rieles, entonces todos se preocuparon y jalaron las palancas de emergencia, pero no hubo respuesta. La creciente violencia les obligó a querer intentar romper los vidirios.
Un hombre, empujó a Sonia.
-¡Quítate, intentaré abrir!-dijo, y reconoció la voz masculina que antes le había hablado. El hombre golpeaba fuerte con un zapato pero poco podía hacer.
-¡no puedo! ¡AYUDENME!-Y otros más golpearon con diversos objetos, pero no sucedió nada.
El ruido que se asemejaba al arrastre de cadenas se intensificó, pudieron distinguir la pequeña figura de varios roedores que caminaban sobre las vías, eran cientos, miles, millones de ellos, tantos que igual se apretujaban y chillaban como lo hacen los seres humanos. El pánico se generalizó, "LAS RATAS SON LAS PRIMERAS EN HUIR DEL PELIGRO" Se escuchó como una sentencia de muerte en el subconsciente de los pasajeros.
Sonia quedó petrificada, el asco era inmenso y cayó desvanecida. Las bestias se acercaron amenazantes, de sus hocicos escurría saliva cargada de enfermedades, de sus ojos un brillo mortal, y entonces comprendio las palabras del ángel, "levántate, de nada sirve huir". La historia creada en su mente, se materializó en el subterráneo, donde se supone está el infierno; La humanidad juzgada y condenada, de pie sobre sus pecados mirando de frente a lo desconocido, pero con la certeza de que huir, ya no es una opción.
-despierte señorita...-escuchó que le decían, Sonia abrió los ojos, unos brazos le apoyaban entre gritos de terror y vociferaciones de ayuda.
Las ratas comenzaron a trepar al tren, el cálido y húmedo olor de la carne humana debió haberse impregnado por los túneles dejando una deliciosa estela que los roedores apreciaron con particular placer, no iban a desaprovechar la oportunidad. Una a una fueron colandose por las ventanas abiertas.
Quiso advertírselos, pero ya era presa de la angustia, Sonia se dejó vencer por el miedo cuando comprendió que las ratas no huían de peligro alguno... Las ratas estaban hambrientas.

2 comentarios:

León M. dijo...

Una sincera disculpa a los lectores, de pronto no supe qué más contar. Pero ya estamos de vuelta.

Estefano dijo...

ja ja... no importa cuanto tiempo tardes sin escribir, siempre nos sorprendes...espero seguir disfrutando de tus historias...