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Exhumacion-es.

"Exhumaciones" es un recorrido por la literatura light del nuevo siglo, un juego de palabras a veces corto a veces no tanto. Que intenta reflejar emociones, obsesiones y locuras "temporales".
"Exhumaciones" Es un viaje desde el centro de la Tierra hasta lo más recóndito de mi universo personal.

10 jul. 2012

Pesadillas, agonía onírica. Muerte, deseos velados. Corres y caes en la espiral, corres y te deshaces en las fauces del tiempo, corres y te das cuenta que simplemente estás durmiendo; entonces abres los ojos a la realidad, lo haces tan rápido que alcanzas a notar al Diablo que sentado en tus rodillas, se entretiene dibujando tus sueños cada noche. Todas las noches.

10 ene. 2012

Dolencias de invierno.

¿Contarle mi historia? Lo siento, mi amigo. A veces lo más recomendable es no extraer la bala que se ha incrustado en la carne cicatrizada; mis dolencias me van mejor los días de invierno y en soledad.

1 ene. 2012

Flashbacks

En las noches de Invierno cuando estoy más propenso al suicidio, no hay nada como la atronadora voz del diablo incitándote a seguir viviendo en el pecado .

18 jun. 2011

301. Sí, ya volví. =')

Ya la tienes sentenciada, mi queridísima amiga. Tu tiempo se cuenta en gotitas de virulento sufrimiento. Así termina una más de tus vidas, quizá la cuarta o la quinta, perdí la cuenta desde la tercera que vez que dijiste que planeabas quedarte en el camino, que ya no podías más. ¿Te acuerdas? Tuviste que hacerte a un lado, dejar todas tus cosas arrumbadas en una vieja bodega que algún lunático te prestó más por caridad que por empatía, porque sinceramente te falta demasiado para ser como el resto de nosotros, de siquiera pensar como nosotros.

Pero tú… No, tú no. Tú eres como eres y nadie te puede cambiar; frágil, vulnerable pero eso sí, muy orgullosa como la que más. Que nadie se te ponga en frente porque entonces sí que se puede llegar a incendiar el cielo, que nadie intente si quiera poner las manos sobre tí porque entonces ya empiezas a gruñir como la más salvaje de las fieras. Que nadie se atreva a ponerte el cañón sobre la frente. Nadie lo merece a menos que sea yo, queridísima amiga… ¿Entendido?

Pues bien, pasa; el paredón de fusilamiento está aquí, y trescientas un balas ya tienen tu nombre.

12 abr. 2011

Gracias.

Le hemos dado ya tres vueltas al sol desde la primera vez que nos vimos, y aún sigo sintiendo una absurda emoción cada vez que sé de tí. Para bien y para mal, nada cambiaría al día de hoy. Muchas gracias.

16 mar. 2011

Ukulele.

La fresca brisa del mar en mis cabellos,
sabor de sal y lágrimas interminables.
Cantos de un dulce ukulele; máquina del tiempo.

15 mar. 2011

Tiempo perdido.

No parece que pasa el tiempo cuando miras al cielo y las nubes se anclan a la Tierra y ya no se mueven, ni cuando caminas por senderos hinóspitos donde hace años que nadie más ha caminado. Ni cuando te detienes en medio de la multitud, y el ruido te envuelve en su manto de imprudencia como queriendo intervenir en tu conversación espiritual de cada día. No, no parece que pasa el tiempo. Son tan largos los minutos y en los segundos caben tantas palabras, tanta melancolía y tanta confusión. Tanto así que estúpidamente sigues esperando aquello que nunca llegará; como el tren que has perdido ya por despitado. ¿Qué no pasa el tiempo? Hace más de una hora que ha partido y ni cuenta te diste por estár en el andén equivocado.

10 mar. 2011

Reporte VMP X-87.1.

Los riesgos que se corren en la últimamente denominada Ciudad de los Muertos son demasiados; asaltos a mano armada, secuestros, violaciones, asesinatos. La violencia desatada hace ya muchas decadas parece estár en su apogeo, la situación es alarmante, el toque de queda un hecho.

Al sonar las nueve campanadas, la ciudad se cobija al amparo del miedo, y es entonces que el silencio se apodera de las calles dando lugar a la desolación y los murmullos de aquellos que vigilan nuestros movimientos; sociedades secretas al servicio de las mafias, seres que, con equipo científico y tecnológico superan en gran medida a la policía y al mismo ejército, ellos patrullan los barrios, observando, cuidando, protegiendo a su manera, evitando la sublevación.

El gobierno, por su parte, en un intento desesperado por arrebatar de las manos enemigas el control de la ciudad, trata de desarrollar auspiciado por el sector privado, bajo manipulación genética y de forma “clandestina”, un prototipo de soldado, más fuerte, más ágil, más inteligente y de sentidos mayormente desarrollados. A éste proyecto se le ha denominado el espécimen VMP-x87.1. Parte del documento es como sigue:

Reporte VMP-x87.1.

6 de noviembre de 2005. 3:00 pm.

Cuarenta y ocho horas después de la inyección, el espécimen VMP-x87.1 evoluciona sin mayores complicaciones, la piel ha recobrado su pigmentación y comienza a rejuvenecer, así como el cabello y vello corporal, síntomas de nueva vida celular. El ritmo cardiaco aún es lento e imposibilita bombear la sangre a todo el cuerpo, por tal motivo, aún hay rasgos de putrefacción en pies y manos, se espera que en las próximas horas, el ritmo cardiaco se acelere hasta alcanzar el promedio de latidos por minuto en un ser humano. La respiración es pausada, el tejido en vías respiratorias no presenta problema alguno. EL monitoreo de los órganos no muestra alteraciones. En síntesis, me alegra informarle que el espécimen evoluciona de manera satisfactoria.

Mañana, el espécimen será trasladado al Centro de Investigaciones Bio-genéticas.

Elaboró. Dra. Violeta L.

Pero eso no sucedió conforme al plan. A las 11:00 pm del 7 de noviembre se hizo oficial en las oficinas gubernamentales, el espécimen VMP-x87.1 había desaparecido.

2 mar. 2011

Luciérnagas.

Las luciérnagas padecen de hipo luminisciente crónico, un complicado trasntorno alimenticio provocado por la ingesta diaria de grillos. Sin embargo, los grillos no dejan la mofa noche a noche, y las luciérnagas no paran sus deseos de venganza día a día.

28 feb. 2011

Mahoma.

La montaña por fin vino hacía Mahoma, pero no le causó gracia que entrara intempestivamente por puertas y ventanas, así, en un alúd y peor aún sin tener la cortesía de avisar.

25 feb. 2011

Arriba.

Arriba; son los muertos los que cantan entre las copas de los árboles. El viento es sólo un pretexto para soñar.

22 feb. 2011

Otro ensayo sobre la ceguera.

El cielo estaba más limpio que de costumbre, y con eso me refiero a que estaba despejado de nubes y aviones; era azul profundo y lleno de luz. Si se fijaba la mirada sobre algún pedacito de cielo, venían de inmediato los mareos y unas manchitas como amebas parecían flotar sobre la retina de los ojos, cuando intentaba enfocar sobre ellas, se movían como gelatinas temblorosas... Es tu miopía. Me dijo con su acostumbrada voz que parece le da sentido a todo. -Deberías revisarte esos ojos.
Aterricé la mirada, ella estaba recostada a mi lado hojeando una revista mensual que compraba religiosamente, las briznas se movían en slow motion a su alrededor, fantaseaba con no sé qué actor de nombre impronunciable.
¿Cómo crees que se vea cuando no puedes ver? Le pregunté.
Descanzó la revista sobre su pecho y me miró con ese aire de socióloga sabelotodo que tán bien le va. Imaginé que las fotografías de aquél actor que no era yo besaban su pecho, entonces me vino una emoción incontenible, fue inevitable que flexionara las rodillas. Me imagino que se ve como cuando cierras los ojos en los días soleados; pueden verse siluetas negras en un campo rojo brillante.
Como el infierno- pensé.
Nos miramos, se puso en marcha la increíble máquina de destrucción. Acerqué mis labios a su piel. Besé sus mejillas, me correspondió con una caricia. Abandonó la revista y yo fijé mis ojos cansados sobre los suyos, alertas, salvajes, eran los ojos de un depredador. -No cierres los ojos, cariño. Creo que podemos ver el infierno cuando lo hacemos. Me susurró.
No hicimos caso, nos besamos con los ojos cerrados.

21 feb. 2011

Cambio.

Quise cambiar todo lo que había sido hasta ahora por la vida apacible que se miraba a través del espejo de agua. Cuando no pude respirar más entendí que eso implicaba dejar de existir; y entonces no supe si temer más a la vida o a la muerte.

18 feb. 2011

El tormento.

Era aquella una noche terrible, más no por la tempestad que azotaba con la furia de una apocalíptica ventisca lo que hacía de la habitación un abismo sumido en las tinieblas que de un momento a otro era iluminado por frágiles destellos de luz y esporádicos rugidos en el cielo, aquello era una espesa cortina de niebla que cubría el verdadero significado de lo macabro. Aquello que estrujaba el corazón con una punzada de dolor y angustia era lo que se hallaba frente a la ventana; una cuna iluminada por la escasa luz de la noche, se mecía con pausados movimientos y el chirriar de las gastadas maderas amortiguaba el repentino llanto la criatura que despertaba en ese instante de una fatídica pesadilla. Las gotas de lluvia golpeteaban incesantes el vidrio de la ventana, los lamentos se convirtieron muy pronto en rabietas y por momentos parecía que todo el aire acumulado en sus pequeños pulmones se escapaba en prolongados gritos de terror. Aquel llanto que emanaba debajo de las sábanas era un lamento parecido a la burlona risa de la hiena, tan estrepitosa que el jadeo emitido tras una breve pausa, erizaba los cabellos de su propia madre.
Un rayo iluminó la habitación a través de la ventana y sobre el barandal de la cuna, las raquíticas manos de un ser minúsculo se asomaron, tan delgadas y de un color rosa muy pálido, sus movimientos eran lentos y sus ademanes expresaban ansiedad, parecía que el bebé pretendiese asirse de los cabellos de su madre, sentir la seguridad y el calor de sus brazos, pero por respuesta solo obtuvo recriminaciones y el seco golpe de un cenicero que se estrelló en el barandal de la cuna, sobrevino el rugir del trueno y nuevamente la ventisca que estampaba las gotas de lluvia en la ventana.
Sara, la madre de la criatura bajo las sábanas, pudo haber sido un ejemplo teatral, casi cómico, de uno de los más grandes temores de una sociedad conservadora; una madre que rechaza a su hijo, ha sido, es y será objeto de repudio en cualquier esfera social que se jacte de ser civilizada. Era aquel, un tema del cual poco se hablaba en la familia, se evitaba a cualquier costo ya que se consideraba de mal gusto y pésima educación, aunque a veces lo disfrazaran como respeto por la criatura. Y es que Sara no soportaba la realidad, su hijo había nacido con una compleja deformidad que le impedía ser un bebé normal, tal vez eso terminaba por destrozar los ánimos de Sara y a pesar del poco esfuerzo que empeñaba por tratar de comprender el sufrimiento de su hijo, no llegaba a percibir la magnitud de su desdicha y eso desembocaba en una actitud nada ejemplar, repleta de reprimendas y últimamente cargada de odio. Sin embargo, el que su hijo no fuera como los demás, no opacaba su integridad como ser humano. Un humano que bastante tenía con aquella condición que le aquejaría de por vida.
Los efectos de las píldoras para conciliar el sueño que Sara tomará hacía ya unas horas debido a su incipiente insomnio, se esfumaron con el último gemido que el bebé emitió en un esfuerzo desesperado por atraer la atención de su madre. Exhausta, Sara se levantó de la cama con la autoestima por los suelos y con paso vacilante se acercó a la cuna, un destello de luz iluminó el interior, en ella un revoltijo de sábanas blancas se contorsionaba con violentos movimientos, se asomaban las delgadas manos del bebé y los minúsculos pies pataleaban con agobiante esfuerzo tratando de salir de aquel embrollo de mantas. Sara tiró de un jalón las sábanas y el pequeño se desenvolvió de sus ataduras dejando ver su maltrecho cuerpecito; su abdomen que en cada respiración mostraba la curiosa forma en la que sus costillas se acomodaban, sus rodillas ligeramente ladeadas hacía la izquierda y encima del cuello, una amorfa y enorme cabeza repleta de erupciones, parecía hinchada en algunos lados y en otros la carne se pegaba a los huesos del cráneo, su roja boca salivaba incesante, su nariz y sus orejas eran demasiado pequeñas o tal vez sería una ilusión óptica debido a la enorme cabeza que poseía. Debajo de dos párpados amoratados asomaban un par de lindos ojos azules. Sara tomó sus manitas entre las suyas, lo miró con desprecio y en cambió el bebé la miró con ternura, aquellos ojos azules parpadearon como si pidiesen misericordia, Sara levantó al bebé y lo llevó a su cama.
Acostado en la enormidad del lecho de su madre, el bebé se sintió más indefenso que nunca, sus ojos desprendían lágrimas de dolor, su madre tomaba el frasco de somníferos y de el extraía algunas tabletas. Su doctor le prescribía dos antes de irse a la cama, no era recomendable más de lo preescrito por el médico, las razones resultaban obvias; posibles sobredosis, complicaciones que eventualmente podrían llevar a la muerte. Agotado y con el corazón galopando desbocadamente, el bebé se relajó y comenzó a tranquilizarse, Sara se acercó con cautela para no impacientar al pequeño e introdujo el polvo de cuatro tabletas trituradas en su roja boca.
El bebé abrió nuevamente los ojos y miró a su madre junto a él, ella lloraba, su llanto era imperceptible a causa de la tormenta, los rayos siguieron iluminando el cielo por algunos minutos, el pequeño cerró los ojos y parecía que todo estaba por terminar. Sara abrazó al bebé, a fin de cuentas era su hijo y lo correcto (si se le puede poner ese calificativo a semejante barbaridad) era ayudar a su hijo a trascender a la siguiente vida. Sintió como disminuía su ritmo cardiaco, su respiración se hacía cada vez más pausada y en un instante dejó de hacerlo.
Ahí yacía el cuerpo del bebé, contraído como si fuera un feto, agotado, rendido, acabado. Sara se sentía terriblemente confundida, ¿había hecho lo correcto? El bebé sufría demasiado por su condición, pero tenía el mismo derecho de vivir que cualquier otra persona… Con los ojos cerrados, Sara no quiso mirar más a su hijo, lo abrazaba con el cariño que le dictaba su oculto corazón de madre, sintiendo su cálido cuerpo. La escena era desgarradora, los relámpagos y los truenos ahora eran un clamor de guerra en el horizonte, se iban junto con la vida del pequeño y la lluvia era solo una brisa que empañaba la ventana, Sara sintió bajo ella un movimiento, el bebé comenzaba a convulsionar.
El espanto repentino provocó en Sara un remordimiento que le llevó a apartarse con verdadero terror del cuerpo del bebé, quizá su mente le estaba jugando una pésima broma y en su locura temporal creyó que la divina gracia de Dios le mandaba un castigo por su crueldad. Sara se acurrucó a los pies de la cuna mientras la luna asomaba envuelta en jirones de nubes desgarradas en lo alto de la bóveda celeste. El bebé parecía querer levantarse de la cama, Sara se levantó y corrió hacía la puerta de la recámara pero los nervios le traicionaron y no pudo quitar el seguro de la puerta, corrió de vuelta a la cuna, la empujó y abrió la enorme ventana, el metal del marco resbaló con suavidad, se paró en el borde y miró una vez más hacía la cama, el niño vomitaba cualquier cantidad de porquerías y de sus labios la espuma salía a borbotones. La criatura aun se retorcía con ímpetu, Sara cerró los ojos y se arrojó al vacío dejando escuchar un aterrador grito de fugaz agonía. Los vecinos del condominio despertaron extrañados.
La luz de la luna bañando la húmeda madrugada y la tranquilidad después de la tormenta se hizo presente en el mismo instante que madre e hijo dejaron de existir en este mundo.

19/04/05