Un mundo, la cama parece un mundo; con sus sábanas de un azul marino profundo que se asemeja a la noche hiriente, con sus almohadas como islas al norte de la desolada catarata en que se transforma la cabecera. Un mundo y los continentes son personas, con sus países dividídos por la guerra de ideologías entre ellos mismo. Su lucha es constante y sangrienta, desmoralizante, nunca ganada pero tampoco perdida. Los continentes chocan cual placas tectónicas, se restriegan unos con otros y de su fricción el fuego sexual que incendia al planeta, que devora los miedos, angustias y la desesperación; es esto una última plegaria por la paz y la reconciliación de los pueblos libres. La estabilidad global se juega todas las noches una última oportunidad de existencia.
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